Carta al Dr. Almagro: de la hiperderecha ni OEA se salva

Por: Edwin Sánchez
Wednesday 20 de September 2017
Carta al Dr. Almagro: de la hiperderecha ni OEA se salva

Doctor Luis Almagro, Secretario General de la OEA:

Para ser demócratas hay que empezar por lo más simple: aprender a serlo. Después quedan dos caminos para comprobar si es oro y piedras preciosas o paja y hojarasca: 1) Que la vida se encargue de confirmarlo. 2) Dejárselo a las poses, la difamación, los ataques personales, la unción de algún medio de comunicación.

En Nicaragua serán contados los dirigentes de la derecha radical que les importe enderezar sus biografías partidarias con la primera opción. La vida es una relacionista pública muy estricta, demasiada exigente para individuos metidos en la política sin estar calificados para ello, ya no digamos capacitados para asumir las tareas superiores del bien común.

Demanda, por ejemplo, hechos, no especulaciones; realidades, no distorsiones; práctica, no retórica, compromiso con el pueblo, no demagogia. Por eso prefieren el atajo de los titulares y el corre-video del canal sesgado. Aunque no validen su compromiso con la democracia, exhibirse en las pasarelas mediáticas con frecuencia, para el subdesarrollado político, basta y sobra.
Los antidemócratas de tiempo completo se autoproclaman “demócratas”, sin importarle ejercitarse en los valores de este sistema. Tiempo suficiente permanecieron en el poder para haberse graduados de singulares paladines, pero estaban tan ocupados en menesteres no del todo nacionales, que “olvidaron” lo que ahora “apremian” desde su relato. ¿Cómo se llama el reclamar a otros lo que no son capaces de mover ni siquiera con el dedo meñique?

Entre la primera y segunda decisión hay una distancia como la que separa el bien del mal. ¿Se ha fijado cómo las multitudes de carne y hueso refrendan una actitud ante la vida real? ¿Habrá notado que los que escogieron el camino fácil de la impostura son líderes de partidos deshabitados, de siglas despobladas, de convocatorias sin muchedumbres, de urnas vacías?

Nadie nace aprendido, eso es cierto, y menos en los principios de la Democracia. Ahí están los que nunca se dignaron responder a las grandes necesidades sociales de un pueblo diezmado por las políticas neoliberales despiadadas. Despreciaron a los pobres y continuaron haciéndolo cuando perdieron las elecciones en 2006, al criticar, con ostensible odio, los programas socioproductivos que impulsados por el entrante Gobierno Sandinista, empezaron a democratizar la democracia, ¿Pruebas? A seis meses de concluir el gobierno de “la edad dorada de la democracia”, CID Gallup publicó que el 73% de los nicaragüenses consideraba que el país iba por el rumbo equivocado” (junio de 2006).

La “democracia” conservadora entregó, en vez de un Estado Soberano, un país en estado de calamidad al candidato del Frente Sandinista, Daniel Ortega: “Nicaragua sigue ocupando uno de los últimos lugares en el ranking de desarrollo humano de América Latina; tiene hoy más pobres absolutos que antes y casi un millón de emigrados en busca de empleo, mientras la brecha entre ricos y pobres se ha agrandado por encima del promedio latinoamericano” (Ortega Hegg, Revista de Ciencia Política, Santiago, 2007).

Además, el promedio del PIB en esos cinco años de Estado de Derecha, fue un pírrico 3%. En el periodo 2011-2016 suma 4.5 -5%.

Cabe señalar que en 2006, a pesar de la atroz campaña de miedo, manipulaciones y amenazas de que volvía la guerra y el desplome de la economía, el FSLN llevó la batuta en la preferencia popular.

Malos perdedores

Cuando la derecha conservadora fue derrotada, ya no vio más con buenos ojos al tribunal electoral. De repente los chavalos-magistrados de la película, exaltados como organizadores de elecciones justas, transparentes y limpias, eran los “malos”, los que hacían “fraudes”. Para sus dirigentes, los Sandinistas tenían prohibido volver a gobernar.
Ahora que entramos a las elecciones municipales, los mismos de ayer, expertos en el juego sucio, comenzaron por enésima vez su campaña denigrante. Son los que John F. Kennedy llamaría los “Viviseccionistas”, esos que practican la disección en seres vivos.

De algo que deben quedar claro, señor Luis Almagro y la Organización de Estados Americanos, es que las micro fracciones que no se atrevieron a participar en el proceso comicial 2017, por falta de pueblo, carecen de tendido electoral, no así del tendido de las vilezas.

Después de haber hostigado al CSE y deseado desacreditar a los partidos contendientes, Poderes del Estado, Ejército y Policía, autoridades nacionales y hasta el Consejo Superior de la Empresa Privada, COSEP –además de falsificar la imagen de Nicaragua–, no es extraño que ahora ocupen su “tendido” para intentar desprestigiar la institución que usted dirige, doctor Almagro: no se sometió a la triste concepción supremacista de la democracia.

A esa larga lista –Lista Negra que suelen pasar a ciertos organismos en el exterior– agregaron como si se tratara de un representante de las viejas dictaduras militares del Cono Sur, al doctor Wilfredo Penco. Él fue designado por usted, Jefe de la Misión de Observación Electoral (MOE).

Sin embargo, los verdaderos demócratas de Nicaragua, los partidos que cuentan con un espíritu cívico, están de acuerdo con estas palabras de su oficina, señor Almagro: 
“Las Misiones de Observación y Acompañamiento Electoral constituyen una herramienta fundamental de la OEA en los países del Hemisferio y resultan una práctica que refuerza el funcionamiento de los principios democráticos”.

Para ser demócratas, hay que aprender a serlo, y ello no se consigue yendo por la trocha fácil de la patraña, de la falsedad. Hoy se recurre a la bajeza moral de hacer uso de la falacia Ad Hominem, el ataque al hombre, en este caso Wilfredo Penco, porque participó como observador en las elecciones pasadas.

El ilustre académico, ensayista y crítico literario, muy ducho en las leyes de la ficción, por supuesto que no logró ser engañado por el patético bodrio hiperderechista. Su “delito”: apegarse a la realidad.

No vale que el doctor Penco posea una distinguida trayectoria de jurista y profesional de las ciencias sociales, instruido además para la Observación Electoral. El vilipendio a este intelectual de alto calibre, quien funge como Vicepresidente de la Corte Electoral de Uruguay, constituye un agravio por parejo a la cultura y al sistema democrático de la nación sudamericana.

Así es la minoría extremista, señor Secretario General. Se cree propietaria de la verdad y se arroga el derecho de juzgar y condenar a los que no piensan como ella ni tienen el mal hábito de adulterar los hechos.

Si los derechistas conservadores estuvieran en el poder, no dude, doctor Almagro, que sus líderes de mesa –no de masas– declararían al señor Penco, Non Grato en Nicaragua.

Por eso, la vida habla más por ellos que su vacuo discurso. Y así como la realidad no viene envuelta en papel periódico, tampoco el verdadero demócrata se encuentra bajo el ropaje de las virtudes postizas.